top of page
draft chico horizontal.png

Stranger Thinks: ¿Y si el upside-down es el lado correcto?

  • Foto del escritor: Vero Elvira
    Vero Elvira
  • 18 dic 2025
  • 4 Min. de lectura
No hubo AI en esta foto.
No hubo AI en esta foto.


Debo reconocer que estoy totalmente obsesionada con los hermanos Duffer.


Hace casi diez años irrumpieron en la escena audiovisual global con Stranger Things, estrenada en 2016 bajo el paraguas de un Netflix todavía en etapa de consolidación. Lo que comenzó como una serie relativamente pequeña y experimental, pronto se transformó en un fenómeno cultural masivo que, sorprendentemente, sigue manteniendo intacta su magia.


Y justamente me tiene loca eso. ¿Cómo logra una serie que tarda años en estrenar cada temporada sostener un éxito tan abrumador, sin perder identidad ni calidad en el camino?


Vamos a mirar un poco más de cerca…


La historia arranca siguiendo a un grupo de niños que investigan la misteriosa desaparición de su amigo, en un pueblito chiquito de esos en los que nunca pasan demasiadas cosas. 


Con el paso de los años, ese punto de partida íntimo, casi inocente, fue creciendo junto con sus protagonistas. Las amenazas pasaron de tener un impacto local y pueblerino a ser de escala mundial, los villanos se sofisticaron y se volvieron más complejos, el terror clásico inicial se transformó en un terror más psicológico, más estructural, más adulto.


Y no puedo dejar de pensar en el paralelismo que hay con muchos de nuestros proyectos. Soluciones que nacen pequeñas, pensadas para problemas puntuales y locales, pero que con el paso del tiempo van mutando, se escalan, se regionalizan, se complejizan. Y en ese crecimiento, sostener el espíritu inicial se convierte en el principal desafío.


Aparecen nuevas necesidades que atender, nuevos equipos de trabajo que coordinar, distintos perfiles que integrar… todo bajo la presión - cada vez mayor - por entregar resultados rápidos que justifiquen esfuerzos e inversiones. 


En este escenario, es muy fácil desviarse, perder foco, diluir la identidad de nuestras soluciones, sacrificar calidad narrativa o conceptual para poder “llegar”.


Y ahí es donde los hermanos Duffer se vuelven un caso de estudio fascinante. Nos encontramos con escritores y directores que han logrado mantener una visión coherente, un storytelling sólido, una identidad visual propia y un estándar de calidad cinematográfico aún con presupuestos crecientes, expectativas altísimas y tiempos de producción que podrían haber jugado en su contra.


Seguramente a lo largo de estos casi 10 años los Duffer enfrentaron millones de conversaciones difíciles y debieron plantarse ante muchísimas presiones de una corporación que en mi opinión, tiende a priorizar cantidad por sobre calidad. Solo gracias a su liderazgo creativo lograron proteger un core narrativo coherente, tomar decisiones lentas pero certeras, y mantenerse alineados a su visión a largo plazo. Eso les permitió no comprometer su identidad ni su consistencia visual y emocional, que son el principal puente con su audiencia y su fandom*.


Creo que este caso nos demuestra lo importante que es contar con una visión estratégica clara y concisa que actúe de brújula en la toma de decisiones cotidiana y que permita impulsar un crecimiento sostenible y coherente.


Entender que crecer no significa deformarse, escalar no implica diluirse y cambiar no es renunciar a lo que somos. 


La trayectoria de los Duffer demuestra que la consistencia estratégica es el activo más valioso en cualquier proceso creativo o de innovación. Con presupuestos crecientes, equipos enormes y expectativas globales, lograron mantener un norte claro y un producto coherente temporada tras temporada.


Esa es la verdadera enseñanza para nuestras organizaciones. Los proyectos que perduran no son los que se mueven más rápido, sino los que saben hacia dónde van y se mantienen fieles a esa dirección incluso bajo presión.


Las herramientas cambian, los equipos crecen, los desafíos se multiplican… pero cuando el propósito está claro y el estándar de calidad se defiende con convicción, el resultado trasciende.

Stranger Things no es solo una serie, es una lección sobre cómo defender una visión incluso cuando todo nuestro alrededor exige lo contrario.


En un mundo que nos empuja a producir más, más rápido y con menos margen, Stranger Things es una invitación a lo contrario, a construir con intención, a proteger la esencia, a liderar con claridad y a entender que la excelencia, lejos de ser un accidente, es siempre una decisión.

Quizás por eso la serie conserva su magia. Y quizás por eso, si nos animamos a sostener nuestras propias “brújulas creativas”, nosotros también podamos construir proyectos que perduren más allá de sus temporadas. El verdadero diferencial no es qué tan rápido te movés, sino qué tan claro tenés hacia dónde vas.


Los Duffer tardaron años entre temporadas. Netflix seguro les metió presión para acelerar. Pero ellos marcaron el ritmo que necesitaban para mantener el estándar. Y por eso todavía estamos hablando de la serie casi una década después.


Mientras tanto, ¿cuántas "disrupciones" nacieron y murieron en ese mismo período?


Así que la próxima vez que alguien te presione para entregar más rápido, acordate: Stranger Things sigue siendo relevante no a pesar de tomarse su tiempo, sino justamente por eso.


Yo mientras tanto voy preparando el pan dulce para los últimos episodios. Porque algunas cosas simplemente valen la espera.



*Conjunto de personas que siguen a un artista, obra o cualquier persona que sea medianamente famosa. Podriamos decir que tienen un consumo problematico.

Comentarios


bottom of page