¡Feliz Medio Siglo... de Aprendizaje!
- Lucio Gastaldi

- 18 dic 2025
- 3 Min. de lectura

Hace unos días cumplí 50 años (cincuenta años). De forma inevitable, una vez que pasan los festejos, al primer lugar que mira uno cuando se para en esa línea es para atrás. Y eso no está tan mal.
¿Sabes cuál es la reunión más importante, la más reveladora y, paradójicamente, la más evitada en cualquier ciclo de trabajo o de la vida misma?
No es la reunión de lanzamiento, donde todos prometen el oro y el moro. Es la Retrospectiva (o Post-mortem, para los más dramáticos). Este momento al final del proyecto donde supuestamente analizamos qué salió bien y qué salió mal.
Seamos honestos, la retrospectiva es como el gimnasio en enero. Todos sabemos que deberíamos continuar entrenando, pero cuando llega el momento, ya estamos mentalmente disfrutando el verano o bien en el próximo proyecto. Esta introspección, siempre la vemos como una excusa para señalar culpables y revivir momentos incómodos.
Pero justo en este momento, en mis 50 años (¡sí, a mí también me toca la revisión!), me doy cuenta de que la retrospectiva no es una auditoría. Es un festejo meditado y planificado. Es la única manera de garantizar que los próximos años que me queden (o el próximo proyecto) sean exponencialmente mejores.
¿Por qué la evitamos? Porque, históricamente, la retrospectiva tiene un aura de "juicio final": "Vamos a exponer que el presupuesto no se cumplió y que la entrega se retrasó por culpa de... “alguien que señalamos con el dedo”. Pero el objetivo no es ese. El objetivo, tanto en la vida profesional como en la personal, es continuar aprendiendo de los errores o bien identificando oportunidades para mejorar cualquier proceso que hayamos vivido.
Esta reflexión, trajo a mi mente el concepto de “Learning Organization” que en mi carrera profesional siempre promuevo y trato de aplicar, aunque en la mayoría de los casos haya una resistencia cultural natural.
¿Pero qué hace una Learning Organization?
Celebra los "Fracasos Inteligentemente": Deja de llamarles errores y los llama experimentos caros con resultados inesperados. Si aprendiste algo valioso, la inversión valió la pena. Estas organizaciones no castigan el error; castigan no aprender de él.
Foco en el Proceso, No en la Persona: La pregunta no es “¿Quién lo hizo mal?”. La pregunta es “¿Qué parte del proceso permitió que esto sucediera y cómo lo evitamos para que no pase de nuevo?” Esto quita la carga personal y permite una crítica constructiva y segura.
Mostrar lo Bueno: En la retrospectiva, deberíamos dedicarle al menos la mitad del tiempo a aplaudir o reconocer lo que SÍ funcionó. ¿El equipo se comunicó mejor? ¿Se utilizó una nueva herramienta con éxito? ¡Hay que celebrar los logros y documentarlos! Los buenos resultados también necesitan ser analizados para poder ser replicados.
Mi lección a los 50 Años
Al cumplir cinco décadas, uno no repasa la vida solo para lamentar las malas decisiones (¡como cuando me pelé la cabeza!). Lo haces para capturar ese aprendizaje:
Disfruté: Lo que hice bien (mis "entregas a tiempo" personales).
Aprendí: De lo que hice mal, para no tropezar con la misma piedra (mis "retrasos en la planificación" personales).
Ajusté: Lo que voy a cambiar para seguir disfrutando el futuro.
La retrospectiva de los proyectos debería tener la misma filosofía: Analizar el pasado para disfrutar en el futuro.
El aprendizaje que tomo es que no es necesario esperar al final de un gran proyecto (o a cumplir los 50) para hacer esta pausa. La próxima vez que termines un proyecto, un sprint, o incluso un mes particularmente movido personalmente, hacete las siguientes tres simples preguntas:
¿Qué hice o hicimos bien que DEBEMOS repetir sí o sí?
¿Qué nos causó fricción, incomodidad, y cómo podemos eliminar ese obstáculo la próxima vez? (Foco en el proceso, no en la persona).
Si tuviéramos que empezar de nuevo hoy, ¿qué haríamos diferente? (Esto abre la puerta al cambio interno o a la innovación).
La retrospectiva es el momento donde transformamos datos brutos y emociones en conocimiento accionable. Es la garantía de que nunca se desperdicia un esfuerzo, bueno o malo, porque de todo se extrae una lección.
¡Quizás es justo la etapa del año para ejercitar la retrospectiva! ¡No esperes a cumplir 50 años para hacerla!



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